Cómo alguien que se “crió sin televisión, sin música, sin amigos” y que veía a su propia hija como “un estorbo” pasó de la culpa, el abandono y un “Dios castigador” a vivir una vida de propósito, fe y reconciliación familiar
23 de enero de 2026.
Entrevista
Entrevistador/a: 1. ¿Qué tan profundo llegaste en tu vida antes de encontrar un cambio?
Entrevistado/a: Hubo un momento en el que sentí que mi vida se había roto desde la raíz. Crecí en un entorno donde sentía que “la religión le secuestró a mis padres”. Eso significó que “me crié sin televisión, sin música, sin amigos”, porque en mi casa todo estaba relacionado al pecado.
A los 13 años me dejaron literalmente “en el abandono” en “una colonia extremadamente peligrosa”. Ahí comencé una vida de errores constantes: una “vida promiscua”, con una doble identidad que me llenaba de vergüenza. Llegué al punto de ser padre muy joven, pero mi corazón estaba tan endurecido que “mi hija representaba para mí un estorbo”. Fui un padre irresponsable, cargado de amargura, pensando que mi vida era solo “una carga económica”. Ese fue mi fondo: vivir con un vacío que ni el libertinaje ni la religión rígida podían llenar.
Entrevistador/a: 2. ¿Qué hábitos o creencias limitantes te mantenían atrapado en tu vida anterior?
Entrevistado/a: Lo que más me pesaba era la imagen mental de un “Dios religioso, un Dios castigador, un Dios cuadrado que no daba segundas oportunidades”. Crecí creyendo que si uno pecaba “no tiene perdón de Dios”, así que mi reacción fue rebelarme y decir: “no quiero nada con este Dios que me han presentado”.
También tenía el hábito de no hacerme cargo de nada: “en aquel tiempo yo le echaba la culpa de todos mis errores a mis padres”. Esa actitud me mantuvo paralizado, huyendo de mis compromisos, renunciando a trabajos solo para evadir mis responsabilidades financieras y pensando que mis errores me condenaban para siempre. Mi mente estaba programada para ver a la familia como una cárcel y a Dios como un verdugo.
Entrevistador/a: 3. ¿Qué evento o experiencia te llevó a encontrar una nueva perspectiva?
Entrevistado/a: Hubo un momento de quiebre absoluto. Una noche, mientras buscaba saciar ese vacío en la calle, terminé con “una pistola en mi cabeza”. Me robaron y “casi que me disparaban”. En ese segundo, sentí que mi vida no valía nada. Poco después, toqué la puerta de una iglesia no por fe, sino por desesperación, “para pedir que me metieran de regreso”.
Pero lo que realmente cambió mi perspectiva fue ver a líderes que no se ponían por encima de los demás, sino que “comían con el pueblo”. Yo venía de un sistema donde a los líderes “se les servía primero a ellos y de último al pueblo”. Ver esa humildad me impactó. Finalmente, mi familia me confrontó con una verdad dura: que yo tenía “una puerta cerrada”, la de la hija que abandoné, y que “hasta que esa niña llegue a tu vida, las bendiciones del cielo van a llegar a nuestra casa”. Eso me obligó a mirar mi propia sombra.

Entrevistador/a: 4. ¿Qué cambios positivos y sorprendentes has experimentado desde entonces?
Entrevistado/a: El cambio ha sido radical. Esas “raíces de amargura” que tenía contra mis padres se transformaron en perdón. Pero lo más increíble fue la restauración con mi hija. Pude decirle: “no pude ser tu papá en el pasado, pero si tú me lo permites, quiero ser tu papá a partir de ahora”.
Ella pasó de ser “un estorbo” a ser mi mayor bendición. Esa “jovencita que llegó con sus venas cortadas”, marcada por un “espíritu de muerte”, hoy es una mujer llena de vida que canta alabanzas y sirve con un don musical precioso. Hoy somos una familia unida, viajando incluso a otros países para contar esto. Mi corazón, que antes estaba “cerrado totalmente”, ahora es capaz de sentir y llorar de pura gratitud.
Entrevistador/a: 5. ¿Qué mensaje compartirías con quienes buscan transformar sus vidas hoy?
Entrevistado/a: No importa qué tan profundo hayas caído ni qué tan oscuro sea tu pasado: no estás condenado a repetir tu historia. Si crees que eres un caso perdido o que Dios solo está esperando para castigarte, te digo que hay segundas oportunidades.
No sigas viendo a tus seres queridos como “un estorbo”. Esa es la mentira que te mantiene encadenado. Atrévete a abrir esa puerta que tienes cerrada por orgullo o por dolor. La transformación no empieza cuando dejas de tener problemas, sino cuando decides dejar de huir. Si mi vida, que estuvo al borde de la muerte y la promiscuidad, pudo ser restaurada, la tuya también puede serlo.
Entrevistador/a: Si este testimonio ha resonado contigo y sientes que es momento de abrir tus propias puertas cerradas, no tienes que hacerlo solo. Te invitamos a nuestra comunidad de apoyo. Únete a nuestro grupo de WhatsApp para recibir guía, contención y caminar hacia tu propia restauración. Haz clic en el enlace de abajo y comienza hoy tu nueva historia.

Email: fihnecuniversitario@gmail.com
Mira las historias de éxito en YouTube: Vida Extraordinaria de Laicos Productivos
Mantente en conectado a través del facebook.com/FIHNEC.universitario/
Únete a nuestra comunidad!
Deja una respuesta