Del Accidente y Nueve Cirugías a Una Vida De Gratitud
27 De Mayo De 2026
Hoy tenemos la historia de alguien que pasó de una infancia marcada por la ausencia de un padre biológico, un accidente devastador donde “le deshizo la canilla pobrecito”, nueve cirugías y “cargué un zapato ortopédico durante 22 años”, a una vida donde puede decir con total convicción: “Nunca nunca Dios me ha permitido nunca aguantar hambre” y “no es religión, es una relación muy personal con Dios”.
“¿Qué tan profundo llegaste en tu vida antes de encontrar un cambio?”
Mira, yo sentí que toqué fondo mucho antes de darme cuenta. Desde pequeño crecí “en el seno de una familia conformada solo por mi abuela materna y mi madre”, con un padre biológico prácticamente ausente.
Con el tiempo, la vida me puso una prueba que marcó todo: “un 27 de septiembre de 1989, miércoles”, cuando iba de mi trabajo a mi casa, un vehículo me golpeó y “me deshizo la canilla”. Terminé tirado en la calle, con la pierna fracturada, sin saber si iba a volver a caminar.
Ahí empezó un descenso muy profundo: “me hicieron nueve cirugías para yo andar como soy”, estuve hospitalizado unos seis meses, con dolor constante, sin claridad de futuro y con la mente llena de preguntas. Recuerdo que en el impacto solo pude pensar en “mi mamá y Dios mío”, sin entender nada más.
Ese fue mi fondo: sentir que mi vida, que ya venía con carencias económicas y emocionales, ahora también se quebraba físicamente. Sin embargo, justo ahí, en ese lugar tan oscuro, empezó a gestarse el cambio.
“¿Qué hábitos o creencias limitantes te mantenían atrapado en tu vida anterior (a la fecha de la grabación)?”
Había varias cadenas invisibles. Una de ellas era cómo veía mi historia familiar: crecer sin padre biológico presente me hizo pensar, por mucho tiempo, que algo me faltaba, que había un vacío que definiría toda mi vida. Aunque tuve una figura paterna que “se constituye en mi padre” y que “desde mi infancia hasta por los 12 años nunca nunca a mí me faltaron los estrenos para Navidad”, dentro de mí aún cargaba ese peso de origen.
Otra creencia limitante era pensar que mis limitaciones físicas y económicas eran una sentencia. Después del accidente, con una pierna reconstruida y la realidad de que “cargué un zapato ortopédico durante 22 años”, me convencí de que mi vida siempre estaría condicionada por esa discapacidad y por “mis limitaciones económicas exageradas”.
También, durante los estudios, escuchar a un profesor poner en duda la existencia de Dios me dejó una inquietud profunda:
“Esta persona… puso en duda… la existencia de Dios”.
Eso sembró en mí una especie de conflicto interno: por un lado quería creer, por otro lado dudaba. Esa mezcla de dudas, resentimientos y limitaciones físicas y económicas me tenía atrapado en una versión muy pequeña de mí mismo.

“¿Qué evento o experiencia te llevó a encontrar una nueva perspectiva en la vida?”
Hubo dos grandes giros. El primero fue sobrevivir al accidente. Cuando entendí que “me hicieron nueve cirugías”, que “me reconstruyeron la pierna” y que, aun así, podía volver a caminar, empecé a ver que quizás había un propósito más grande detrás de todo ese dolor.
El segundo gran evento fue mi acercamiento a una organización espiritual donde comprendí algo clave: “no es religión, no es religión, es una relación muy personal con Dios”.
Recuerdo la primera vez que llegué a un pequeño espacio, “un cubículo quizás un poquito más largo que esto”, a principios del año 2000. Escuché el testimonio de otra persona y sentí que mi historia no era la única. Poco a poco, descubrí que “tener fe en la crisis no es sencillo”, pero que esa fe puede sostenerte cuando todo lo demás se tambalea.
Con el tiempo, pude decir: “Tengo 26 años de fraternidad” y reconocer que, a pesar de mis caídas, esa relación con Dios y con la comunidad me ha sostenido, me ha dado estructura y sentido. Ahí cambió mi perspectiva: dejé de ver mi historia como castigo y empecé a verla como un camino de propósito.
“¿Qué cambios positivos y sorprendentes has experimentado desde que adoptaste esta nueva perspectiva?”
Lo más sorprendente es la paz. Antes me definían la carencia y el dolor físico; ahora me define la gratitud. Puedo decir con total honestidad:
“Nunca nunca Dios me ha permitido aguantar hambre. Siempre me ha dado lo necesario”.
Otro cambio profundo fue en mi relación con mi pasado. Hoy puedo afirmar: “Yo no tengo resentimiento contra mi padre biológico… no me hizo falta y tener resentimiento… es un problema de él, no mío”.
Eso me dio libertad emocional.
En lo físico, aunque “perdí 7 cm de tibia” y durante décadas usé un zapato especial, hoy puedo caminar con más comodidad gracias a soluciones simples pero significativas —como esos zapatos para “pie diabético” que me ayudaron a tener mejor estabilidad— y, sobre todo, gracias a aceptar mi cuerpo tal como es.
En lo espiritual, entender que “Dios siempre ha sido bueno conmigo, a pesar de mi limitación” y que “esta organización encajó en la forma como yo concibo el mundo” me ha dado una sensación de pertenencia.
Y en lo familiar, disfruto una armonía que valoro mucho: tener hijos adolescentes que “le hagan caso”, vivir en un hogar donde hay respeto y comunicación, y saber que, aunque no tengo lujos, vivo con la tranquilidad de que “nunca he bendecido el espíritu, soy muy agradecido”.
“¿Qué mensaje inspirador compartirías con quienes buscan transformar sus vidas y necesitan un impulso para seguir adelante?”
Lo primero que diría es que tu historia no te condena; te prepara. Haber crecido con carencias, haber pasado por un accidente, por hospitales, por cirugías, por limitaciones económicas, no fue el final: fue el taller donde se forjó mi fe y mi carácter.
Si hoy te sientes en medio de la tormenta, recuerda algo que aprendí en carne propia:
“Tener fe en la crisis no es sencillo… El testimonio casi siempre se sustenta sobre lo vivido.”
No se trata solo de repetir frases bonitas. Se trata de seguir caminando, aunque sea con dolor, aunque sea con “un zapato ortopédico durante 22 años”, aunque parezca que nunca saldrás de ahí.
Mi mensaje es: abre espacio para una relación verdadera con Dios, más allá de la religión. Aprende a ver las pequeñas bendiciones diarias: desde “nunca nunca Dios me ha permitido nunca aguantar hambre” hasta poder decir “hoy camino”, “hoy respiro”, “hoy tengo a mi familia conmigo”.
Si estás buscando transformar tu vida, empieza por agradecer lo poco, por soltar el resentimiento y por creer que tu historia, por dura que haya sido, puede convertirse en un testimonio que inspire a otros.
Invitación
Si esta historia resonó contigo y sientes que también necesitas apoyo, inspiración y una comunidad que te recuerde que no estás solo/a en tu proceso de cambio, te invito a dar el siguiente paso:
Conéctate a nuestro grupo de WhatsApp para recibir mensajes de ánimo, testimonios reales y recursos prácticos para fortalecer tu fe y tu mentalidad cada semana.
Únete a nuestra comunidad!

Si prefieres otro medio, también puedes contactarnos por correo o redes sociales para acompañarte en tu proceso y orientarte sobre cómo integrarte a nuestra comunidad de crecimiento espiritual y personal.
Mira las historias de éxito en YouTube: Vida Extraordinaria de Laicos Productivos
Mantente en conectado a través del facebook.com/FIHNEC.universitario/
Deja una respuesta