Cómo una vida marcada por la ausencia del padre, el maltrato, las deudas y hacer plata a cualquier costo fue transformada al “invitar a Jesucristo” y descubrir que Dios es “especialista en cambiar vidas».
Abril 24 del 2026
Esta entrevista recoge la historia real de una persona que pasó de la rebeldía, el vacío familiar y las decisiones destructivas, a una vida restaurada, con propósito y una familia transformada.

“¿Qué tan profundo llegaste en tu vida antes de encontrar un cambio?”
Mira, yo llegué a un punto donde, espiritualmente hablando, estaba en el suelo. Yo mismo lo resumo en una frase muy dura: “Rompí la relación diplomática con Dios”.
Crecí con la ausencia de un padre, sin recuerdos de él, y aunque de joven conocí de Jesús, poco a poco “empecé a desviar”. Me metí de lleno en la fiesta, el desorden y luego en cosas peores.
Empecé a dedicarme a “hacer plata” como fuera, rodeado de gente que te exige viajar, gastar, aparentar… y terminé metido en actividades que hoy describiría como un verdadero infierno en vida.
No solo me alejé de Dios, también me volví maltratador, destruí la paz en mi casa y cargaba con deudas, presión, miedo y vergüenza. Llegué a un punto en el que sentía que ya no tenía salida.
“¿Qué hábitos o creencias limitantes te mantenían atrapado en tu vida anterior (a la fecha de la grabación)?”
Uno de los hábitos más destructivos fue creer que yo podía con todo, sin Dios y sin nadie que me corrigiera. Al no tener un padre que me guiara, empecé a creer que no necesitaba rendirle cuentas a nadie, ni en la tierra ni en el cielo.
Dejé de temerle a Dios, pero no en el sentido de miedo, sino en el sentido de respeto. Yo mismo lo explico así: el temor de Dios es simplemente “no hacer cosas que me deshonren”, y yo crucé esa línea muchas veces.
Mis creencias limitantes eran:
- Creer que el éxito era solo “hacer plata” y mantener un cierto estilo de vida.
- Pensar que podía vivir sin consecuencias, que siempre habría una salida fácil.
- Aceptar que el maltrato, la doble vida y el engaño eran “normales” si al final había dinero.
Todo eso me fue atrapando hasta sentir que ya estaba demasiado hundido como para cambiar.
“¿Qué evento o experiencia te llevó a encontrar una nueva perspectiva en la vida?”
Dios tuvo que llevarme al límite para llamar mi atención. Yo mismo digo que:
“Dios, en su plan, dijo: este loco si no le hablo claro, no va a entender el mensaje”.
Un día llegué a una reunión casi por obligación, y ahí escuché el testimonio de un ingeniero que estaba igual o peor que yo: endeudado con los mismos proveedores, con el ministerio de hacienda, con el seguro social… Cuando lo escuché, era como si estuviera contando mi propia vida.
Y de pronto dijo una frase que me partió por dentro: “Un día hice el mejor negocio: invité a Jesucristo a mi vida”.
En ese momento sentí que Dios me estaba hablando directamente. Levanté la mano y dije: “Yo quiero eso que te pasó a ti”. Fue ahí donde empezó mi nueva perspectiva: entender que no se trataba solo de mejorar mi situación económica o mis emociones, sino de hacer el mejor negocio de mi vida: entregarle mi vida a Jesús.
“¿Qué cambios positivos y sorprendentes has experimentado desde que adoptaste esta nueva perspectiva?”
Los cambios fueron profundos y, en muchos casos, dolorosos al inicio, pero totalmente necesarios. Yo suelo decir que Dios es “especialista en cambiar vidas” y en “darle vuelta a la vida”.
Pasaron varias cosas:
- Primero, Dios me confrontó con mis finanzas desordenadas. Sentí claramente este mensaje: “No te voy a dar ni un cinco mientras no lo recuperes”, y tuve que enfrentar deudas, compromisos y errores que había querido ignorar.
- Segundo, mi carácter empezó a cambiar. Dejé de ser maltratador, empecé a pedir perdón y a restaurar mi relación con mi familia.
- Tercero, algo sorprendente fue ver cómo esta transformación alcanzó también a los míos. Mi hogar, que antes era un campo de batalla, se volvió un lugar de fe y de servicio.
Hoy puedo decir que pasé de vivir “como en el infierno” a experimentar una vida con propósito, con paz y con esperanza, no perfecta, pero completamente diferente.
“¿Qué mensaje inspirador compartirías con quienes buscan transformar sus vidas y necesitan un impulso para seguir adelante?”
Mi mensaje es sencillo y directo: por más lejos que creas que has llegado, no estás demasiado roto como para que Dios no pueda restaurarte.
Yo “rompí la relación diplomática con Dios”, me alejé, me equivoqué, destruí cosas que amaba… y aun así, Dios tuvo misericordia y me dio una segunda oportunidad.
Si hoy te sientes endeudado, atrapado, cansado, avergonzado por tu pasado, quiero decirte que, igual que yo, puedes hacer “el mejor negocio: invitar a Jesucristo a tu vida”.
No se trata de religión fría, se trata de permitirle a Dios “darle vuelta a tu vida”, empezar un proceso de cambio real, desde adentro hacia afuera.
Mi invitación es: no sigas caminando solo. Hoy puede ser el día en que tu historia comience de nuevo.
Frase más impactante
“Rompí la relación diplomática con Dios, pero Él igual decidió darle vuelta a mi vida.”
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