Testimonio real de cómo alguien pasó de la escasez, la depresión y perder su trabajo después de casi 30 años, a encontrar una nueva forma de vivir guiada por la fe – Entrevista grabada y transcrita el 05 de junio de 2026.

Hoy vamos a mirar la historia de una persona que llegó a tocar fondo en lo emocional, lo económico y lo laboral, pero que encontró una nueva perspectiva que transformó por completo su vida. Queremos que quienes nos vean o nos lean se identifiquen con este proceso y descubran que también es posible un cambio profundo para ellos.
Pregunta 1: “¿Qué tan profundo llegaste en tu vida antes de encontrar un cambio?”
Antes de encontrar un cambio, llegué a un punto donde sentía que no tenía nada. Había pasado por escasez, por no tener ni libros para estudiar, por contar cada centavo y por depender de lo poco que había. Hubo un tiempo en que, estando en la universidad, “no tenía libros y en la biblioteca había una revista que me gustaba”, pero no podía acceder a más.
Con el tiempo, la situación económica se volvió tan dura que llegué a vivir casi de lo mínimo. Recuerdo que durante dos años, “mi senado fue una taza de leche con azúcar”, y aún así me las arreglaba para seguir adelante.
En lo emocional, llegué al punto de reconocer que “no tengo nada, tenía un corazón completamente vacío”. Además, después de casi 30 años de trabajar en el mismo lugar, perdí mi trabajo y sentí que todo lo que había construido se derrumbaba de un momento a otro.
Pregunta 2: “¿Qué hábitos o creencias limitantes te mantenían atrapado en tu vida anterior (a la fecha de la grabación)?”
Me mantenían atrapado varias cosas. Primero, la idea de que mi valor dependía de mi trabajo y de cuánto producía. Aceptaba prácticas que “así se habían hecho siempre”, aunque sabía que no estaban bien. Veía cómo el trabajo estaba “mal sacado” y cómo eso afectaba a los demás, pero seguía ahí, aguantando, porque tenía miedo a quedarme sin nada.
También había una especie de resignación a la escasez: acostumbrarme a vivir con casi nada, a normalizar que mi comida fuera lo mínimo posible, a aceptar el cansancio, la frustración y la tristeza como parte de la rutina.
Otra creencia limitante era pensar que tenía que complacer a los hombres antes que agradar a Dios. Con el tiempo entendí que “cuando uno conoce a Dios, Dios le enseña a uno hacer las cosas como a Él le agrada, no como le agradan los hombres”, pero antes de ese cambio me dejaba llevar por el miedo a perder el puesto, a quedar mal con otros, a que me pusieran en una lista de “no deseados”.
Pregunta 3: “¿Qué evento o experiencia te llevó a encontrar una nueva perspectiva en la vida?”
No fue un solo evento, sino una serie de momentos muy duros que se fueron acumulando hasta que ya no pude más. La escasez, la soledad, las jornadas en el hospital, ver a la gente sufriendo, y luego, perder mi trabajo después de casi 30 años, fue un punto de quiebre.
En medio de todo eso, empecé a buscar a Dios de una manera más profunda. En una iglesia pedí ayuda cuando ya sentía que la depresión me estaba consumiendo. Empecé a entender que Dios me estaba dando otra oportunidad para vivir de forma diferente, para hacer las cosas con integridad, aunque eso significara perder privilegios o posiciones.
Llegó un momento en el que comprendí que toda esa tristeza y ese dolor no eran el final, sino el lugar desde donde Dios quería empezar algo nuevo conmigo. Ahí fue cuando dejé de ver mi historia solo como sufrimiento y empecé a verla como un testimonio en construcción.
Pregunta 4: “¿Qué cambios positivos y sorprendentes has experimentado desde que adoptaste esta nueva perspectiva?”
Lo más sorprendente es que, aun perdiendo el trabajo y pasando por momentos de deudas y escasez, ya no vivo con el mismo vacío interior. Antes sentía que “tenía un corazón completamente vacío”, ahora tengo paz y un propósito más claro.
He aprendido a ver el trabajo de otra manera: no solo como una fuente de ingresos, sino como una oportunidad para servir bien a las personas, para que los demás se sientan bien atendidos, valorados y respetados. Eso cambió la forma en que veía cada tarea, cada paciente, cada situación.
También he visto cómo Dios ha ido abriendo puertas nuevas. Aunque hubo listas de “no deseados” y momentos en que parecía que todo estaba cerrado, hoy puedo decir que he recibido “otra oportunidad para seguir hablando de Él” y para usar mi historia para animar a otros.
Lo más positivo es que ya no soy esclavo del miedo ni de la apariencia. Ahora tomo decisiones tratando de agradar a Dios, no solo a las personas, y eso me ha traído una libertad que antes no conocía.
Pregunta 5: “¿Qué mensaje inspirador compartirías con quienes buscan transformar sus vidas y necesitan un impulso para seguir adelante?”
A quienes sienten que no tienen nada, que están en escasez, en depresión o que han perdido su trabajo después de muchos años, quiero decirles que ese no es el final de su historia. Aunque hoy parezca que todo está en contra, que las deudas los aplastan o que su esfuerzo no se reconoce, hay una oportunidad de empezar de nuevo.
Aprendí que la fe no es solo emoción; “la fe no es solo emocional, sino que debe ser dada por el Espíritu de Dios”. Cuando permitimos que Dios entre en nuestro dolor, Él no solo nos consuela, también nos transforma.
Mi mensaje es: no te rindas. Busca ayuda, pide apoyo espiritual, comparte tu carga. Lo que hoy parece tu peor temporada puede convertirse en el testimonio que un día anime a otros. Tu historia tiene valor, incluso en las partes más oscuras.
Frase más impactante del testimonio
“No tengo nada, tenía un corazón completamente vacío… y ahí fue donde Dios empezó a hacer algo nuevo en mi vida.”
Si esta entrevista resonó contigo, si te identificas con la escasez, la depresión, la pérdida de trabajo o el vacío interior, no te quedes solo con esta historia.
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